sábado, 16 de julio de 2011

CUESTIONARIO SCHMIDT

1. qué objetos te acompañaron toda tu vida?

A partir de los 6, dos grandes dientes incisivos delanteros en forma de paletones.

2. sentís presencias, voces, músicas del trasmundo?

Eso de voces del trasmundo me recuerda a aquello dicho por el dr. House: “si le hablas a dios, sos religioso, en cambio si dios te habla a vos, entonces es que estas loco como una cabra.

3. qué pensás de la rosa, los anillos, el mar y los tatuajes?

Me hace recordar a ruben dario.

4. cuál es tu superstición?

Mi superstición es no tener supersticiones.

5. en qué parte del cuerpo, el aire o el paisaje sentís la poesía?

Generalmente me duele, la siento por algún costado.

6. escribís mientras escribís o antes o después?

Mis mejores poema fueron los que no escribí. Me los dije y se fueron con el aire….

7. qué autores no releerías?

Los que no me parecieron buenos

8. de los poetas que conociste cuál, cuales te parecieron que unían su vida a sus palabras?

Octavio Paz, sinónimo de palabra hecha de poesía, Roberto Juarroz por su actitud constante, Olga Orozco y Enrique Molina.más acá en el tiempo encuentro la misma actitud en el poeta Claudio Lo Menzo.

9. qué, quién, quiénes escribe en vos?
Siempre, escribimos todos los yo que hay en mí.

10. vuelven algunas palabras, algunos temas o algunos climas?

Siempre estoy escribiendo el mismo poema y como Eliot: “Dicen que digo/algo que ya dije antes. Lo diré nuevamente.¿lo diré nuevamente?”

11. en tu vida, la poesía como propósito, destino o circunstancia?

Como compañera, indispensable.

12. qué quisieras leer mañana, que quisieras releer para siempre?

Tenia un Baudelaire de bolsillo que lo llevaba a toda partes, si lo reencuentro esta vez no lo vuelvo a perder


13. qué pensás del romanticismo alemán?

Goethe y Holderlin me gustan en el ataque ¿rilke no entra, verdad? Ponelo entonces a Shcumacher que es veloz.

14. el silencio, la soledad, la transparencia, el orden, adentro, afuera, a veces, nunca ?

En la alquimia del verbo Rimbaud: “escribía silencios, noches, anotaba lo inexpresable. Fijaba vértigos”. Dijo Y digo yo con él.

15. qué fue lo imposible?

Sentar la belleza en mis rodillas y sentirla dulce.

16. la poesía es una arma cargada de futuro, pasado, eternidad?

El futuro llegó hace rato… ¿te suena esa canción? algo dice el indio con esa estrofa.

17. la poesía es literatura?

La poesía es la forma mayor de la literatura.

18. qué lugar ocupa la poesía argentina en Latinoamérica y en la lengua castellana?

..¿Por qué debería ocupar un lugar? No creo en podios, es una versión muy marquetinera esa de pensar a la poesía ¿Qué lugar acaso ocupa el viento?

19. cuáles poetas argentinos te parece que deberían estar y no están?

Creo que hay muchos que están y no deberían estar. Como Griselda Garcia por ejemplo entre los que deberían…y los de la primera categoría es muy odioso y fatigoso hacer nombres.

20. alguien te llevó o fuiste solo a esa palabra oscura?

La palabra oscura es el mejor de los faros.

21. fuera de la poesía que campo del arte te interesa?

Las historietas, el comic como prefieras llamarlo.

22. la poesía es una tarea del espíritu o una emanación de la historia ¿hay espíritu, hay historia?

¿Hay tarea? Diría mas bien que es una tara del espíritu

23. cuál es la mayor dificultad en la relación existencia-poesía?

Que la existencia siempre te pega una patada en el ojo y la poesía también. Por otra parte, la existencia lleva todas las de perder.

24. quisieras responder otras preguntas, quisieras hacer otras preguntas?
No, esta bien asi, gracias.

jueves, 17 de febrero de 2011

Ecado IV

Vuelvo a mí, al desconocido que me habita, al extraño/a que mora transitoriamente por mi cédula, por mis rituales, por mi vivienda. Me habitúo a él, me acostumbro a ella. La voz me parece conocida, los pensamientos iguales, el hueco irreconocible. Sin embargo se trata de mí, de él-la (pronúnciese él-ya), de mi hueco, de ese espacio vacío al que no me acostumbro ser, de esas voces diáfanas que piensan primero que yo lo que pienso, que me piensan y me dicen que recorte los adjetivos posesivos, que elimine las pertenencias, los gerundios, la estúpida idea del yo. Sobre el crimen de mi mismo, esa voz esconde el cadáver y toma posesión del muñeco. Simula habitarlo, vivirlo, ser su alma. En suma, reemplaza su identidad con una pretendida simulación de lo que era. Solo quedará el recuerdo de algo que no se si tengo o tuve.

sábado, 21 de junio de 2008

Sobre Náufrago o la manera estúpida en que encendemos el fuego

Chuck Noland es un ingeniero de sistemas de Fed Ex que lleva su vida personal y profesional como un reloj. Las exigencias de su trabajo lo llevan a emprender viajes, a menudo sin previo aviso, a lugares lejanos. Ello le obliga a separarse de su novia Kelly. La frenética existencia de Chuck se detiene bruscamente cuando se estrella el avión en el que viajaba y se convierte en un naufrago en una isla remota, aislado del mundo en el entorno más desolado que quepa imaginar. Despojado de las comodidades de la vida cotidiana, debe atender en primer lugar a sus necesidades básicas de supervivencia: su prioridad es buscar agua, comida y un techo. Este consumado resolvedor profesional de problemas ha de aprender a solucionar el problema prioritario de su supervivencia física. Pero ¿y después, qué? Chuck se enfrenta entonces a la agonía emocional de la soledad.

Y lo peor de todo es que Chuck, después de pasarse 4 años en una isla desierta perdida en el medio de Pacifico, descubre al volver que acaba de regresar a un mundo en donde todas las significaciones son ironías. Así, luego de experimentar en carne propia toda la travesía de haber vuelto vivo de ese trágico naufragio, después de sobrevivir en pleno desamparo material y social, entre cuyas primeras actividades necesarias sin duda fue la de procurarse calor mediante el viejo método de hacer fuego frotando maderas o piedras, percibe ahora casi infantilmente jugando con un magiclick la manera estúpida en que actualmente encendemos el fuego.

Fue entonces que una sensación
me arropó como una cobija cálida.
Supe que de alguna forma,
debía conservarme vivo.
De alguna manera,tenía que seguir respirando...
aún sabiendo
que no había ninguna esperanza...
y toda mi lógica me decía
que jamás volvería a ver este lugar.
Y eso fue lo que hice.
Me mantuve vivo.
Seguí respirando.
Y un día se comprobó que esa lógica
estaba equivocada...
porque la marea...
llegó y me trajo una vela.
Y ahora estoy aquí.
De regreso.
En Memphis, hablando contigo.
Tengo hielo en mi vaso.
Y he vuelto a perderla.
Estoy muy triste
por no tener a Kelly.
Pero estoy muy agradecido de que ella
haya estado conmigo en esa isla.
Y ya sé lo que tengo que hacer ahora.
Debo seguir respirando.
Porque mañana saldrá el sol.
¿Quién sabe qué traerá la marea?

martes, 6 de mayo de 2008

SIN JUEGOS DE LENGUAJE

Bruce Duffy. "El mundo tal como lo encontré"

(B Ediciones. 682 págs.)

Indudablemente pareciera ser éste (1996) el año de Wittgenstein. No sólo por la impresionante cantidad de trabajos filosóficos que se hicieron a propósito de su figura y su pensamiento, sino además, por el hecho de ser el protagonista de dos novelas recientemente publicadas : una, el policial escrito por Philip Kerr, titulado Una investigación filosófica donde Wittgenstein es un asesino serial que va eliminando sistemáticamente un filósofo tras otro; la otra, El mundo tal como lo encontré, de Bruce Duffy, en la que se describen las relaciones y situaciones personales que vivió el filósofo austríaco en el mundo intelectual de la universidad británica de Cambridge a principios de siglo.

En esta última obra, Duffy hace una biografía novelada sobre la vida de Wittgenstein. Su personalidad, que siempre ha cautivado a profesores y estudiosos de su obra, es ampliamente descrita, siguiendo en su mayor parte un orden cronológico, aunque no siempre en un sentido estricto ni con total veracidad histórica, sino más bien, siguiendo “los requisitos del género ficción”. De esta manera vemos que el intento del autor no es tanto el de hacer una biografía ni un relato filosófico, como el de hacer una novela sobre la vida de uno de los más importantes pensadores de la historia de la filosofía.

Duffy describe la traumática relación de Wittgenstein con su familia - una de las más ricas de toda Europa y a cuya fortuna renunció por propia voluntad ; su niñez atormentada debido a la tiránica influencia paterna y al suicidio de dos de sus hermanos ; su participación en las dos grandes guerras mundiales ; su tarea como maestro en un olvidado pueblito de Austria ; los conflictos y culpas por su sexualidad ; y sobre todo, su especial actitud filosófica, irreductible a cualquier movimiento o escuela. Al mismo tiempo el autor va entrecruzando el relato con otros dos, principalmente las vidas de Bertrand Russell y G. E. Moore .Allí el autor nos revela a un Moore tímido y conservador, caracterizado como un filósofo del sentido común, feliz con su matrimonio y odiado por Russell. Este, a su vez, es presentado como un típico mujeriego, preocupado únicamente por la fama y la celebridad, y también denostado por Wittgenstein y Moore. En suma, esta novela de Bruce Duffy pretende atestiguar que, a fin de cuentas, estos hombres tan venerados en dicha época fueron seres de carne y hueso, con celos profesionales, que alternando entre éxitos y fracasos fueron fraguando el destino de la filosofía inglesa de este siglo.

Este libro no es, pues, ni para los estudiosos de las biografías históricas ni para los interesados en filosofía ; es, en cambio, una buena ficción sobre los posibles encuentros y discusiones personales que mantuvieron los tres filósofos quizás más notables de la historia del pensamiento occidental. (Trad. Susana Constante)


BORDEANDO LO TERRIBLE-MARAVILLOSO

Cormac McCarthy "En la frontera"
(Plaza & Janés.
414 páginas)

Asombra encontrar en una novela de más de cuatrocientas páginas una tensión narrativa que no deja, ni por un instante, de mantener cautivado al lector. Sin embargo, se puede afirmar que la escritura de Cormac McCarthy tiene la característica particular de poder ser leída sin aburrir nunca.

En la frontera, su último libro, es una excelente novela en la que se narra la historia de dos hermanos adolescentes, cuyas vidas se ven envueltas y atrapadas por el extraño paisaje de la frontera sur de los Estados Unidos. Narrada en forma parca y descriptivamente realista, aunque con una fuerte carga poética, la novela es un brillante relato acerca de un viaje cíclico y aparentemente sin sentido, por el paisaje desolado y a la vez mágico de las tierras del norte mexicano.

La novela tiene el estilo de las historias de aventuras de la gran literatura norteamericana que hace recordar por una parte a Melville y a Faulkner, y por otra a Hemingway y a Juan Rulfo. El eje central del relato es la historia de Billy Parham, al que “casualmente” un mozo mexicano llamaba equivocadamente señor Páramo, un muchacho de una familia campesina que transita su vida entre los dos países aprendiendo, en cada uno de los trayectos, la importancia - o la poca importancia, - de pertenecer a costumbres, paisajes, leyes o formas de pensar diferentes.

La trama de esta obra se compone de cuatro partes y en cada una de ellas se van desarrollando una amplia variedad de temas y personajes: la persecución y caza de una loba, la recuperación de unos caballos robados, la terrible herida de su hermano Boyd, la visita a un ermitaño en las ruinas de una iglesia, el enfrentamiento con alguaciles corruptos y todo ello bajo la trágica idea de que son los sueños y el destino quienes deciden y no la voluntad del protagonista. Así, detrás del gran fondo inmóvil y resplandeciente del paisaje por el que Billy atraviesa una y otra vez , McCarthy sugiere que todo pasa porque nada, en realidad, sucede. De allí el título de esta obra : The Crossing cuya traducción más literal podría haber sido La Encrucijada. En suma, más que una novela de formación, este relato de McCarthy, se articula como un viaje trashumante de situaciones asombrosas y de constantes aventuras que son, en última instancia, reflejos de la belleza cruel y esplendorosa del mundo. (Traducción Luis Murillo Fort )

EL JUEGO DE LAS LAGRIMAS

Irving D. Yalom. "El día que Nietzsche lloró".

(Ed. EMECE. 381 páginas.)

Nietzsche solía afirmar de manera tajante: "Lo que no me mata me hace más fuerte". Cómo no simpatizar, pues, con esta psicología empírica del filosofo del "porvenir", el mismo que se atrevió a dictaminar con entera precisión la enfermedad de nuestro siglo: el nihilismo

"El día que Nietzsche lloró" se presenta como una novela que ficciona las biografías de varios célebres personajes de la Viena de 1882. La novela comienza con un factible, aunque en realidad inexistente encuentro entre Nietzsche, el aun no reconocido filósofo de la vida, y el Doctor Breuer, maestro y amigo de Freud, quien es misteriosamente citado por Lou Salomé, hermosa y brillante estudiante rusa que es amada y al mismo tiempo odiada por Nietzsche, para que solucione, - mediante su nuevo método terapéutico (que no es otro que el primer esbozo de la técnica psicoanalítica) -, las tentativas de suicidio del filósofo.

Comenzará entonces una serie de visitas, en apariencia casuales, entre Breuer y Nietzsche en donde las barreras entre analizado y analista se desdibujan, dejando aparecer, entre otros: el tema del poder en las relaciones humanas, las relaciones entre enfermedad corporal y salud psíquica, la libertad de poder elegir el propio destino, y todo ello narrado en un excelente estilo dialógico, aunque quizás algo reiterativo.

En suma, esta obra de Irving Yalom, - psicoanalista de la Universidad de Stanford -, está muy bien documentada y es ideal para aquellos que, cansados ya de los relatos de acción o suspenso, quieran reflexionar un poco sobre filosofía y psicoanálisis de una manera amena y no especializada.

UNA REALIDAD INSOPORTABLE

Morris West. "Al final del camino".

(Ed. Vergara. 304 págs.)

En esta nueva novela de Morris West se anudan dos temas, a primera vista, escindidos: la desaparición de personas y ciertos hechos relacionados con la depresión, el aislamiento intencional, la automarginación y el suicidio. Tal vez dos temas asintóticos que en la imaginación del novelista se unen para dar vida a sus personajes. Vida, claro está, más cerca de lo infernal que de lo paradisíaco.

El libro cuenta una historia en la que Larry Lucas, un brillante empresario que trabaja para la compañía de su suegro -Strassberger y Asociados-, desaparece un día de su hogar llevándose consigo seis millones de dólares. Su cuñado, Carl Strassberger, joven artista que reside en Francia, debe dejar su ocupación y cambiar radicalmente su vida convirtiéndose en un novato detective que buscará encontrar a su familiar desaparecido. Y para ello deberá investigar a una organización que, camuflada en una empresa de turismo, se dedica a la desaparición de personas.

La situación se esclarece o se complica aun más en la medida en que interviene la psiquiatra del desaparecido para explicar que Larry es un maníaco depresivo, alguien que pasa de la felicidad a la desgracia y viceversa en menos de lo que canta un gallo. Esto hace que la búsqueda de Carl sea una búsqueda contra reloj, en donde cada segundo que pasa, la esperanza de encontrar al enfermo Larry se desvanece más y más.

En síntesis, "Al final del camino" es otra entretenida novela de intriga de este afamado escritor australiano, autor de varios libros célebres como "Las sandalias del pescador", "El abogado del diablo" y "Los amantes", entre otros.

viernes, 16 de noviembre de 2007




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LA INVENCION DE BOREL

El mundo real es un conjunto de objetos y entes. Por ejemplo: un lápiz, una hoja, tres monedas, una copa, cigarrillos, fósforos, una lámpara. Habitamos en un mundo de cosas inertes. Mundo hueco. Mundo opaco, inanimado, triste, monótono. Mundo donde las cosas se acostumbran a un nombre que es nuestro, no de las cosas. ¿Es esto, (señalando) en realidad, un lápiz? ¿es que el lápiz se llama lápiz a sí mismo? ¿y quién le dice lápiz al lápiz, lápiz? Nosotros, por supuesto, que tampoco tenemos nombre, sino que nos lo han puesto. María es el nombre que le dieron los padres de María. Pero María ¿se llama a sí misma María? Sólo en esos estados de éxtasis o aburrimiento, donde ya verdaderamente no sabemos quien somos, donde hemos alcanzado tal grado de extravío que nos damos ánimo o nos reprendemos sin saber muy bien porque nos damos ánimo o nos reprendemos, nos decimos por ejemplo: ¡vamos José! cómo si de nosotros mismos se tratara cuando sabemos que en realidad, o al menos en mi caso, yo no me llamo José sino ¿yo?

Tenemos, entonces, un mundo de cosas cuyos nombres se convencionan y un mundo de hombres cuyos nombres nos deshabitan. La cosa innombrable y el sujeto tácito. Está pero no sabemos cuál es. El, yo, nosotros, vos ¿qué importa? Lo que voy a narrarles ahora es el pasaje de esta vida sin nombre a los nombres con vida, el tránsito de la desazón a los colores, de la palabra hueca a la palabra mágica, del desencanto diario a la magia cotidiana.

Cae la tarde por mi ventana,

son las seis.

Mudas, bajo una luz muy tenue,

las paredes,

Lisas y blancas, en mi tedio

me acompañan

No hay nadie aquí. Sólo un momento

derramado

en mi vivir. Un vacío que arde

en el aire

como prolongación de una angustia

sin motivos.

Ahora veo el equilibrio oculto

de las cosas

Sus silenciosas correspondencias

van girando

en busca de un nombre que las nombre;

transparencias:

todo lo que digo es lo que veo, es

lo que siento.

Se rompe el hechizo: por la puerta

alguien entra.

Magenta, estás sola. Rodeada por cosas, tal vez, más solas aun. Cada cosa ocupa un espacio. El lápiz el espacio del lápiz, el libro el espacio del libro. ¿Y vos? ¿Cuál es el espacio que te corresponde? Ahí no, porque ocupás el de la silla. No, allí tampoco, es el de la lámpara. Ocupás un espacio ya ocupado, respirás un aire ya respirado y creés, sin embargo, ser mas que una mosca, una moneda o una botella. Ni siquiera podés mantener el equilibrio. Sólo sos un cuerpo grave que cae, que cae, que cae...

Truco de la botella

Deberías desaprenderlo todo Magenta. Es mas fácil. Primero...

Tendrás que aprender a clausurar tu boca.

A elegir con precaución determinadas palabras.

Así, por ejemplo, cuando digas odio

Tus ojos comenzarán a arder lentamente,

Despacio, casi con pureza.

O cuando digas adiós

Tus manos comenzarán a contornear el aire

A dibujar los bordes transparentes

Que deja la ausencia de un cuerpo.

Y así, poco a poco,

Serás nube cuando digas viento,

Tierra cuando digas mar,

Mujer cuando digas poesía.

Sólo cuando digas tu nombre,

Las palabras se romperán violentas

Y serás por un instante vos mismo

Tenés que aprender a clausurar tu boca.

Eso es Magenta, así está mejor. Después debés darle poesía a tu vida, magia a tu entorno. Mirá a tu alrededor Mag. Es mas lindo decir Mag ¿no? ¿No hay nadie allí? Mejor inventalos, imaginalos. Dejate llevar por tus deseos más remotos, por tus más antiguos temores. Dejalos que se entrecrucen, que se ramifiquen, que se entrelacen. Dejá que ellos conviertan a tu sistema nervioso en redes de esquizofrenia, a tu sistema circulatorio en canales de deseo. Seguí tu máxima de acción: sé tu acueducto.

Por donde pasa tu dicha estéril y por donde ruedan tus lágrimas turbias.

Por donde callas tu nombre descolorido o por donde quedan tus horas huérfanas.

Por donde citás conjuros inútiles y por donde nacen tus libros sediciosos.

Por donde caminás claramente a oscuras o por donde repitís tus ecos falsos.

Por donde nadie te quiere ni no te quiere, por donde sangra tu herida desgastada.

Permanecé, aun a todos los cambios.

Permanecé mudo.

Contá tus útiles Magenta. Pasá lista a todas tus cosas: el lápiz, el libro, los fósforos, las monedas. ¿Están allí Magenta? ¿Son una, dos o tres? ¿Estás segura Magenta? Veamos: el lápiz a tu derecha y el libro a tu izquierda ¿no es así? Ahora intentá escribir en el libro un nombre y que ese nombre sea el de una muchacha. ¿Podés, con sólo un nombre, hacer brotar de las hojas de un libro las delicias de una mujer en llamas? ¿O, - más fácil aun - podés hacer de una moneda algo no tan duro? ¿No podés verdad? Pero no te preocupes. Verás, haz automatizado demasiado a tus ojos, haz adormecido durante mucho tiempo a tus sentidos y querés, en un instante, resolver todos los enigmas, dilucidar todas tus incógnitas. No es tan fácil Magenta, no es tan fácil. Las cosas nunca son como deseamos que fuesen. Aprendé de la derrota, tampoco es demasiado blando lo blando, tampoco es demasiado frágil lo frágil...

Truco de las monedas

Fumá Magenta, hacé que se astille tu garganta. Las preguntas son un manojo de espadas que penden de tu cabeza pero no puedo, no podés dejar de hacértelas. ¿Quisieras Magenta, acaso, tan sólo con el leve brillo de esta pobre llama iluminar de noche a las palabras?. Y más aun, ¿te atreverías a encantar al universo?

(Acá me gustaría hacer el truco de la bola que flota pero con el mapamundi)

Escuchá Magenta: La poesía es magia. Magia de la palabra. El hechizo de la sucesión verbal. Un conjuro de nombres propios. Escuchá, Magenta, escuchá: ¿Cuál es el límite de un lenguaje, el extremo de las palabras? ¿hasta donde pueden seducir tus palabras? ¿hasta dónde pueden llegar a fascinar?

entre la magia y la poesía existe un flujo y reflujo constante; la poesía descubre correspondencias y analogías que no son extrañas a la magia para producir una suerte de hechizo verbal, al mismo tiempo, el poeta se sirve del poema como una talismán mágico, literalmente capaz de metamorfosearlo. Lo específico de la magia consiste entonces Magenta, en concebir al universo como un todo en el que las partes están unidas por una corriente de secreta empatía pero en la que todo tiene afán de salir de sí mismo y transformarse en su próximo o su contrario: esta silla puede convertirse en árbol, el árbol en pájaro, el pájaro en muchacha, la muchacha en grano de granada que picotea otro pájaro en el patio de un palacio persa.

El objeto mágico es siempre doble o triple y alternativamente se cubre o se desnuda ante nuestros ojos, ofreciéndose como lo nunca visto y lo ya visto. El objeto mágico abre ante nosotros su abismo relampagueante: nos invita a cambiar y a ser otros sin dejar de ser nosotros mismos. La magia, al fin, se libera de los trucos, encarna en nosotros hasta hacernos verdaderamente otros. Por eso Magenta, no nos basta ya la contemplación, queremos participar del acto sin trucos, ser el poema mismo.

En estas circunstancias, Magenta, volver a la magia no quiere decir restaurar los ritos de fertilidad o danzar en coro para atraer la lluvia, sino usar de nuevo los poderes de exorcismo de la vida: restablecer nuestro contacto con el todo y tornar erótica, eléctrica, nuestra relación con el mundo. Tocar con el pensamiento y pensar con el cuerpo. Abrir las compuertas, recobrar la unidad. Asimilar, en suma, la antigua y aun viviente concepción del universo como un orden amoroso de correspondencias y no como una ciega cadena de causas y efectos.

mientras tanto en soledad, Magenta, mordé tus palabras, comete todos tus deseos como te mordés las orejas o te peinás los dientes. Aprende a hechizar, practicá con las cosas más comunes, hacé de cuenta que en realidad es lo mismo mover un paraguas o un trasantlántico, que es más fácil volverte superstar que pedir prestado, fingir soberbia que decir te amo.